LA ACEPTACIÓN

12.03.2022

Solemos creer que aceptar, significa que nos parezca algo bien y por tanto tenemos que asumirlo, porque no hay más remedio. Esto no es la aceptación, esto es resignación, la resignación nos genera sentimientos de rabia y frustración, la resignación nos lleva a negar lo que sucede y de esta manera no podemos transformarlo, porque no nos hacemos conscientes.

La resignación implica queja y cerrar la puerta al cambio. La resignación lleva a transformar el dolor en sufrimiento.

La aceptación requiere observación y comprensión de lo que ocurre, puedo aceptar algo sin que me guste, y es así como puedo ponerme en marcha, al tratar de comprender, entiendo que esto es lo que está ocurriendo en este momento. Aceptar significa ver la realidad y que las circunstancias en este momento son las que son. La aceptación no solo implica aceptar situaciones, también es aceptar a las personas tal y como son y a nosotros mismos.

Aquí quiero aclarar nuevamente que aceptar no significa que te parezca bien, por ejemplo si tú pareja te grita y tú aceptas que él/ella es así y dejas de pretender cambiarle, esto te llevara al siguiente paso, puedo vivir con una persona así? Si o no, si es un sí, dejaras de esperar que cambie y asumirás lo que hay, si decides que es un no entonces esto te dará la fuerza para tomar una decisión y dejar la relación. Si por el contrario te resignas cada día esperaras que cambie, lloraras y sufrirás cada vez que te grite, pero te sentirás impotente para tomar decisiones. Resignarse te hace sentir que no hay salida, solo el seguir ahí, esperando que el otro cambie.

Aceptar significa que si algo no me gusta, puedo intentar transformarlo o mejorarlo. Pero si esto no es posible, puedo transformar mi forma de percibirlo, o mi forma de reaccionar ante ello.

La aceptación se hace desde el presente y de lo que hay, no lo que habrá o nos gustaría, porque esto genera expectativas que al final causaran dolor. Para esto elimino los juicios de valor y solo observo lo que sucede. No te preguntes porque? él porque nos hace sentir victimas del destino y lleva a la resignación. Pregúntate para qué? busca una razón, un aprendizaje y en definitiva la aceptación. Luego pregúntate puedo hacer algo para sentirme mejor?.

El dolor es inherente al ser humano, pero el sufrimiento es una elección cuando no acepto el dolor, tengo que reconocer que algo me duele, conectar con las emociones, no reprimirlas, no sentirme víctima. Es muy importante y trabajar los miedos que nos genera lo que está sucediendo.

Comienza por practicar la aceptación cada día en los pequeños hechos cotidianos, como la aceptación de olores, sonidos, ambiente físico, de emociones, precedido por el reconocimiento y entendimiento de cómo se encuentra mi cuerpo. Es importante reconocer el estado físico y conectar con el cuerpo.

No te juzgues cuando tengas un pensamiento negativo o una emoción dolorosa. Simplemente, cuando te des cuenta de que estás teniendo un pensamiento negativo, deja que pase, y enfócate en otros pensamientos alternativos. Y en cuanto a las emociones dolorosas, permítete sentirlas, y pregúntate: "¿qué puedo hacer para sentirme mejor aun teniendo esta emoción tan dolorosa?". Lo que está ocurriendo en este momento, va a ocurrir de todas formas, independientemente de que te guste o no, pero si aceptas que esto es así, no sufrirás, si no lo aceptas sí, y lo que realmente es cierto, es que está ocurriendo de todas formas, así que negarlo y no aceptarlo no te aporta nada más que sufrimiento.

Es la base del bienestar, por tanto, es imprescindible trabajarla desde el principio. El concepto de aceptación es bastante complejo, requiere de introspección, flexibilidad, apertura de mente y estar dispuesto al cambio.

Aceptar es comprender que la realidad es la que es. La aceptación implica comprensión de la realidad. Si niego algo, no puedo transformarlo, porque no me hago consciente. Cuando acepto, la queja la dejo a un lado. La resignación implica queja y cerrar la puerta al cambio. La aceptación requiere observación y comprensión de lo que ocurre. Lo que ocurre cuando lo acepto, no tiene por qué gustarme. Acepto independientemente de que me guste o no. Porque no tiene sentido negar lo que es, lo que existe. La realidad de este momento no la puedo negar.

El aceptar me permite ponerme en marcha, al tratar de comprender, entiendo que esto es lo que está ocurriendo en este momento. Cuando no acepto es muy probable que mi dolor se transforme en sufrimiento. No puedo negar la realidad porque entonces me estoy engañando.

La realidad es que las circunstancias en este momento son las que son.

Cuando no aceptamos, nos estamos dejando guiar por el miedo. Digo sí al presente, porque no puedo decir no a lo que es, a lo que existe. El presente es, así, por tanto, lo acepto, lo integro. Luego ya veré si puedo hacer algo para cambiar la situación. Pero primero tengo que aceptar lo que es, tal y como es.

Aceptación es sabiduría (realizo un aprendizaje), resignación (rol de víctima, de no puedo hacer nada) es apatía. Al aceptar no me resigno, ni me conformo, sino que comprendo.

Pregúntate qué no estás aceptando en este momento. La aceptación es incondicional.

La aceptación nos ayuda a ver las cosas con perspectiva. Una persona que abraza lo inevitable a través de la aceptación nota cómo el dolor emocional que experimenta se ve amortiguado, no le produce tanto malestar. El motivo es que vive ese momento adoptando una perspectiva distanciada, como si todo lo viésemos alejándonos de nuestro cuerpo. Este desplazamiento de la atención hacia la situación general, y no solo hacia lo malo, es muy útil como ingrediente para la resiliencia, que es la capacidad que tienen las personas para recuperarse de situaciones complicadas y seguir avanzando hacia el futuro.

Lo que vivimos está más relacionado con el modo con el que lo interpretamos que con el hecho objetivo en sí. Por ello, conocer la diferencia entre la aceptación y la resignación nos permite pasar por los malos momentos del mejor modo posible, sentando las bases para nuestra recuperación mediante un proceso de resiliencia. Ya sea en un proceso de duelo por la muerte de un ser querido, por la rebaja de las expectativas laborales, por los problemas de salud o por algo parecido, hacer de la aceptación nuestro modo de vida resulta fundamental para no dejar que las dificultades típicas de la vida nos lastren demasiado y restrinjan nuestra libertad.

Carolina Alvarez Patiño